Todos los padres tenemos grandes retos en la educación de nuestros hijos. Perseguimos una educación en la cual adquieran valores, conocimientos culturales, técnicos, deportivos y un sinfín de destrezas y habilidades que pensamos les ayudarán a convertirse en personas felices y competentes.
La importancia de educar en emociones
Sin embargo por mi profesión y como madre, me doy cuenta de la importancia de educar sobre todo en emociones. El psicólogo americano D. Goleman en la década de los 90 empezó a hablar por aquel entonces de un concepto novedoso: empezó a mirar a las emociones, esas reacciones a las que la ciencia las había marginado hasta ese momento.
Actualmente en nuestra sociedad, la inteligencia emocional es ya un concepto que resuena.
Coeficiente intelecual vs. inteligencia emocional
Hasta el siglo pasado el coeficiente intelectual era utilizado como un predictor de éxito, sin embargo en el presente está demostrado que personas con un coeficiente intelectual más modesto, pero con mayor capacidad emocional tienen una vida exitosa tanto en lo laboral como en lo personal, respecto a aquellos con un C.I. más elevado pero menos inteligentes emocionalmente.
Hoy en día incluso las empresas en su selección de personal empiezan a tener esto claro y abogan por elegir candidatos que además de logros académicos, tengan mejores habilidades para influir positivamente en un equipo de trabajo.
Las emociones como función adaptativa
Cuando un ser humano nace, ya viene de serie con la capacidad de experimentar emociones, es algo que está en nuestra biología. Las emociones tienen una función adaptativa y nos preparan para una acción en concreto.
Aquí puedes encontrar un entretenido video sobre inteligencia emocional:
Sin embargo el aprendizaje en cuanto reconocer nuestras emociones en el momento en que aparecen y la regulación de éstas, es algo que hay aprender. Pero,
¿cómo podemos los padres educar a nuestros hijos en el aprendizaje de su área emocional?
Aquí tienes algunas claves que te ayudarán a empezar:
Empieza tomando conciencia de tus propias emociones
Para ello te animo a que durante esta semana empieces por las 4 básicas: alegría, tristeza, miedo y enfado. Bastará con que te pongas un par de alarmas en tu móvil en dos momentos del día y en cuanto suenen, pares unos minutos, y mires hacia dentro.
¿Lo que sea que estés sintiendo en ese momento, con qué emoción de las 4 anteriores conecta?. Te darás cuenta que en función de lo que sientas experimentarás sensaciones físicas diferentes. Si notas alguna emoción relacionada con la alegría, te sentirás con energía, si te notas más cerca del enfado sentirás tensión muscular y calor entre otras, si notas miedo, ansiedad o preocupación, podrías notar taquicardia, presión pecho, sensaciones en tu estómago, etc.. y si notas tristeza te sentirás cansado, apático y sin energía.
Tomando un poco de conciencia de tus propias emociones, podrás conectar mejor con las emociones de tu hijo. ¿Empiezas?
Cuando notes que tu hijo experimenta una emoción, atiéndela
En muchas ocasiones los padres hemos acabado centrados en la situación donde aparece la emoción y no en su emoción en sí. Por ejemplo, imagina que tu hijo empieza a jugar a un nuevo juego y poco a poco se empieza a frustrar y enfadar porque no le sale y como consecuencia se pone a llorar.
¿Qué hacemos como padres?.
A) Le intentas enseñar cómo se hace, en repetidas ocasiones, pero tu hijo no lo consigue, así que insistes en cómo lo tiene que hacer hasta que finalmente también te enfadas y acabáis los dos alterados, enfadados y terminando el juego.
B) Le explicas cómo hacerlo mejor, pero ante su frustración, decides dejar de lado el asunto del juego y le dices que entiendes que este molesto porque algo no le sale, que todos nos enfadamos a veces. A continuación le ayudas a sobreponerse de su enfado y cuando a está más calmado, volvéis a intentarlo.
La opción B es la más adecuada, ya que priorizas ocuparte de los sentimientos de tu hijo y de esta forma le estas enseñando a reconocer sus propias emociones y a sentirse comprendido. Esta pauta con el tiempo le hace sentirse amado, además de enseñarle a autorregular sus emociones.
Escúchalo activamente
La escucha activa se refiere a atender la parte emocional del mensaje en un primer momento de la comunicación, en vez de priorizar la parte racional.
Por ejemplo; tu hijo llega del cole y te dice -“no pienso quedarme a comer otro día en el comedor”. ¿Qué le contestarías?. La escucha activa implicaría contestarle -“pareces enfadado, ¿te ha pasado algo en el comedor hoy?, ¿quieres contármelo?”. Si tu hijo se siente comprendido estará más dispuesto a negociar.
Evita castigos
Evita castigarlo o criticarlo cuando muestre sus emociones, en su lugar enséñale a regularlas. Expresar nuestras emociones es saludable, somos seres emocionales y expresarlas es fundamental para sentirnos saludables. Sin embargo nuestros hijos tienen que aprender sobre lo que sienten y qué estrategias les ayudarán a regularlas. Así que a priori dale su espacio para que pueda calmarse, exprésale que es normal sentir emociones como la rabia, el enfado, el miedo en ocasiones, pero que podemos aprender a mostrarlas de forma más adecuada.
Cuando tu hijo esté más calmado, pregúntale si reconoce que hizo algo inadecuado (si gritó, insultó, pegó…) y una vez lo haya reconocido, explícale lo importante que es reconocer nuestros errores. Una vez lo haya reconocido y si ha pedido perdón, zanja el tema dándoos un beso, y confía que con este entrenamiento cada vez irá haciéndolo mejor.
Una marioneta de trapo que expresa lo que siente
Cuando mis hijos eran pequeños llegó Gogo unas Navidades. Era una marioneta de esas que te pones en el brazo. Gogo aparecía por las noches contando qué cosas le habían pasado en el cole, en su casa y como se había sentido. Esto hacia que mis hijos conversaran animadamente y de forma fluida con él, contándole a Gogo sus propias experiencias. Te animo a que lo pruebes: no pudo dar mejor resultado.
Bibliografía emocional
Hoy en día en el mercado hay un sinfín de bibliografía sobre inteligencia emocional en niños y adolescentes. Qué preciado recurso es un buen libro para antes de ir a dormir para pasar un buen rato con tus hijos mientras habláis de vuestras emociones.
También te dejo un interesantísimo vídeo sobre cómo aprender a gestionar las emociones, del programa Redes, de Eduard Punset.
Educa a tus hijos en Inteligencia Emocional y dales uno de los mejores regalos que podemos ofrecer como padres.
“Educa a tu hijo en su camino y cuando sea viejo no se apartará de él”. Proverbio bíblico.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Por qué es tan importante educar a los hijos en inteligencia emocional?
La educación en inteligencia emocional es fundamental porque está demostrado que es un mejor predictor de éxito personal y laboral que el coeficiente intelectual (C.I.). Las personas con una mayor capacidad emocional suelen tener una vida más exitosa, son más competentes, más felices y tienen mejores habilidades para influir positivamente en un equipo de trabajo, algo que incluso las empresas priorizan hoy en día en la selección de personal.
¿Qué diferencia hay entre el coeficiente intelectual (C.I.) y la inteligencia emocional?
Históricamente, el C.I. se usaba como el principal indicador de éxito. Sin embargo, la inteligencia emocional (concepto popularizado por D. Goleman) se centra en la capacidad de reconocer y regular las propias emociones y las de los demás. Actualmente, se sabe que una mayor inteligencia emocional supera a un C.I. elevado como factor determinante para el éxito y la felicidad en la vida adulta.
¿Cómo puedo empezar a educar a mi hijo en su área emocional?
El primer paso esencial es que los padres tomen conciencia de sus propias emociones. Se sugiere identificar y conectar con las cuatro emociones básicas (alegría, tristeza, miedo y enfado) y las sensaciones físicas que las acompañan. Al reconocer tus propias emociones, podrás conectar y comprender mejor las de tu hijo.
Cuando mi hijo se frustra o enfada, ¿debo centrarme en la situación o en su emoción?
La clave es atender la emoción en sí y no solo la situación que la provoca. Prioriza ocuparte de los sentimientos de tu hijo, expresando que entiendes que esté molesto o enfadado. Esto le enseña a reconocer sus emociones, a sentirse comprendido y, con el tiempo, le ayuda a autorregularse.
¿Qué significa la “escucha activa” y cómo la aplico cuando mi hijo me cuenta algo?
La escucha activa implica atender la parte emocional del mensaje en un primer momento, en lugar de centrarse inmediatamente en la parte racional. Por ejemplo, si un niño dice “no pienso volver al comedor”, una respuesta con escucha activa sería: “Pareces enfadado, ¿te ha pasado algo en el comedor hoy? ¿Quieres contármelo?”. Esto hace que el niño se sienta comprendido y esté más dispuesto a dialogar.
¿Debo castigar a mi hijo cuando muestra emociones fuertes como la rabia o el enfado?
Se recomienda evitar castigos o críticas cuando el niño expresa sus emociones. Expresarlas es saludable. En su lugar, el enfoque debe ser enseñarle a regularlas. Permítele espacio para calmarse, explícale que es normal sentir esas emociones y luego, cuando esté tranquilo, pregúntale si reconoce algo inadecuado que haya hecho (gritar, pegar) para que aprenda a reconocer sus errores y a pedir perdón.
¿Hay herramientas o recursos prácticos que me ayuden a abordar las emociones con mis hijos?
Sí, una herramienta muy práctica mencionada en el texto es el uso de una marioneta de trapo (como “Gogo”) que “cuenta” sus experiencias y emociones diarias, lo que anima a los niños a conversar fluidamente sobre sus propias vivencias. Además, existe una amplia bibliografía emocional en el mercado que puede ser un excelente recurso para leer antes de dormir y generar conversaciones sobre emociones.














