El enfado o la ira son emociones y como todas las emociones tienen una función. La ira es una advertencia inicial de que algo va mal. Sentir enfado puede suministrar la energía para resistir amenazas emocionales o físicas, por ejemplo movilizando a la persona ante un peligro para defenderse o huir; o ayudando a que cuando, los limites de alguien están siendo violados, sepa establecer límites apropiados, se mantenga firme y resista a las demandas amenazantes; también ayuda a superar el miedo de hacer valer las necesidades de uno y reclamar sus derechos ante los demás.

La diferencia entre el enfado normal y el patológico reside en la intensidad y frecuencia del mismo. El enfado bajo control es útil, pero cuando empieza a cronificarse y desbordarse lo único que se consigue es engendrar más ira y llegar más fácilmente a la agresión, tanto física como verbal.
El enfado patológico tiene costes a nivel fisiológico e interpersonal.

La ira crónica mantiene al cuerpo en un estado constante de emergencia, y las funciones corporales reguladoras de nuestro organismo pueden ser retrasadas o pasadas por alto.
Así mismo, existe correlación entre el enfado y algunas enfermedades como:

– Trastornos digestivos
– Hipertensión
– Enfermedad cardiaca
-Dolores de cabeza
– Debilitación del sistema inmune, con la mayor susceptibilidad a infecciones que esto conlleva.

Aunque el enfado a veces puede resultar aliviador, tiene un precio:

-Se pierden y enfrían amistades
-Aumentan los problemas con la pareja, con la familia
-Se producen más separaciones y divorcios
-Pueden surgir altercados con la justicia
-Las relaciones con los demás se ven afectadas y deterioradas.
-Perdida de sensación de bienestar de uno mismo, ya que las personas constantemente enfadadas sienten una gran impotencia ante los demás y ante lo que le pasa.
-La ira se lleva la alegría de las cosas, por lo que sus relaciones con los demás le producen mucha menos satisfacción que antes.

A muchas personas su ira les conduce al aislamiento, ya que su hostilidad y actitud negativa, hacen que tengan menos apoyos sociales, menos disfrute y mayor sensación de soledad, lo que les hace más susceptibles a padecer problemas emocionales como la depresión.

¿Cómo controlar el enfado?

Reestructuración cognitiva: Cambiar la forma de interpretar la realidad es imprescindible para controlar la emoción de enfado.
Relajación muscular profunda
Asertividad y habilidades sociales: Aprender a expresar lo que pensamos y sentimos respetando a los demás, será necesario para controlar nuestro enfado.